miércoles, 31 de julio de 2013

El reencuentro con la diosa que habita en mi, Julio 2011

“La maternidad te cambia la vida”, es algo que me dijeron una y otra vez antes de la llegada de mis hijos al mundo. 


Me advirtieron mil veces de las responsabilidades que conllevaría la crianza de mis hij@s, de las “perdidas” que sufriría en cuanto a mi trabajo, mi vida social, y un sin fin de cuestiones tan y tan superficiales, insustanciales…

De lo que nadie me habló es de cómo la maternidad me reencontraría con la MUJER que durante mucho tiempo me empeñé en esconder tras  esas ropas oscuras y anchas, ese pelo maltratado a base de tintes, cortes imposibles, píldoras que controlaban mis ciclos…

Mirando hacia atrás, no entiendo como todo este tiempo he odiado tanto a un cuerpo capaz de hacer algo tan perfecto como crear, cobijar, criar a los tres seres más bellos de este mundo (se que todas decimos lo mismo, soy consciente). Ahora doy gracias por mis caderas y mi vientre, ahora se que debían ser así, que estaban preparados a la espera de crear vida. Agradezco incluso su tamaño, que me permitió resguardar a ese par de  ángeles que llegaron de la mano dentro de MI... hasta que estuvieron listos para salir al mundo, cosa con la que nadie contaba. Agradezco como mis primogénitos prepararon la morada inmensa a su eterna Luna.

Doy gracias por mis pechos, a los que antes dedicaba alguna que otra mirada de desprecio, pues me parecían pequeños. ¿Pequeños para qué, para quién? En ellos creo el  néctar sagrado para criar a tres seres bellos, sanos y fuertes, me han proporcionado momentos de erotismo, de placer… ¿qué importancia tenía entonces el tamaño? Mis pechos son perfectos, cumplen al a perfección todas sus funciones. 



Maltraté mis ovarios, mi útero, mis ciclos… Ahora que conozco mi cuerpo, que lo conecto con a mi Alma, a la pachamama, a la luna. Ahora comprendo que todo aquello por lo que pasé antes de mi embarazo fue algo que me hice a mi misma, esa hiperplasia endocervical fue producto de tanto desprecio hacia mi cuerpo, hacia la MUJER que soy. Pero comprendo que todo eso, formó parte del camino, fue el aprendizaje de esta vida mía.

Me ha costado cierto tiempo comprender todas estas cosas. Sin duda he tenido la suerte de encontrarme por el camino con muchas mujeres hermosas, bellas y sabias que me han guiado  de una u otra manera. Sin mis comadres, sin mis hermanas, incluso sin quienes nos sentimos enemigas en algún momento dado, el camino estaría aun sin empezar.................................................................................................................tal vez…

Mi primer puerperio fue tortuoso, no podía mirarme en un espejo sin parar de llorar al ver las estrías y la cicatriz que conservo.
Ahora me desnudo y la contemplo, de manera consciente. Veo el mapa de MI VIDA grabada en mi tripa. Cada estría me recuerda como crecían esos bebés en mi interior, sus primeras patadas, la cabeza de Sara girando dentro de mi tripa, esos pies que se podían palpar a través de mi piel. Observo la cicatriz, detenidamente, y doy gracias al UNIVERSO por esa llegada mágica al mundo de Sara y Nadim, doy gracias a que todo pasó, todo salió bien, con nuestras complicaciones, pero todo fue bien. Ahora agradezco al Gran espíritu mi segunda oportunidad. Con Luna, he cumplido mis deseos... pues por el camino perdí algunos de mis miedos y gané la confianza en MI. Esa espina que estaba clavada en mi alma al fin salió… Y es que siempre, en esta vida, todo está aun por decidir, por inventar, por intentar, por lograr. Y no pasa nada, y todo está bien. 

Y aun me queda camino, y aun no soy capaz de compartir mis cicatrices con vos, mi ser amado, pero  tan sólo dame tiempo, pues estoy mirando al miedo a los ojos...  Nos amo

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